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Andrés Napurí

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Antes de que la pandemia llegase a este continente, Walter Panduro estaba muy preocupado. Me decía que algo muy malo iba a suceder. Estas conversaciones las hemos tenido antes, pero debo reconocer que en esta oportunidad su certeza me dejó preocupado. Todo estaba indicado en el cielo: las nubes rojas y el arcoíris. Así, en estas últimas semanas, él y yo tuvimos varias conversaciones sobre cómo se sentía. Tuvo Covid-19. Manifestó todos los síntomas: dificultad para respirar, tos seca, fiebre. No quiso ir al hospital —Ahí va la gente a morir. Yo no quiero morir—. En ese extraño camino que toman los diálogos, terminamos conversando sobre cómo nos conocimos. Él me recordó las nubes rojas. Hablamos del cielo sobre el río Ampiyacu.

—Esas nubes traen un mal presagio.

Conocí a Walter Panduro en medio de un taller del Ministerio de Educación. Gracias a esa oportunidad, pudimos construir varios proyectos juntos, pero en la actual situación que vivimos, el recuerdo de este taller era distinto. Ya no conversábamos sobre su trabajo como traductor ni de sus proyectos recogiendo tradiciones orales del pueblo bora. Recordamos que los días del taller fueron muy delicados.

—Esas nubes, siempre aparecen cuando algo malo va a pasar.

Debido a la crecida del río, el taller estuvo enmarcado por el luto. Tres jóvenes murieron en Pebas por accidentes en el río durante la semana que estuvimos ahí. Además, fueron advertidas por los arreboles en el cielo. Esas tardes, el cielo mostraba un atardecer rojo bastante intenso. Para mí, eran atardeceres impresionantes. Según Walter Panduro, estos atardeceres eran diferentes a los normales: tenían un tújpawa en el horizonte. Las tardes con estas nubes no son un buen presagio. A diferencia de los atardeceres normales, tújpawa se caracterizan por tener un arcoíris entre las nubes rojas que están en el oeste. En bora, tujpa significa ‘rojo’ y el clasificador –wa se usa para señalar que algo es ‘plano, como una tabla, llanura o meseta. Esta palabra, entonces, hace referencia al arcoíris como una meseta de color entre las nubes rojas. De acuerdo con sus relatos, tújpawa advierten sobre una posible amenaza o enfrentamiento (Panduro, 2016). Son presagios de gran magnitud. La asociación con los momentos trágicos en su vida se extiende a otras situaciones relativamente recientes.

—El año 2018 fue un muy mal año —me decía con la intención de explicarse.

Ese año, la muerte estuvo presente en su vida. Él recuerda que los arreboles en el cielo acompañaron su luto. También recuerda las historias que escuchaba de su abuela cuando era niño sobre estas nubes rojas y cómo avisaban sobre los malos presagios. Así como él tiene recuerdos en los que los arreboles acechaban su vida, él reconoce que estos arreboles con rastros de arcoíris están presentes en las narraciones de su abuela y en las historias que escuchaba cuando era un niño.

—Las abuelas se enfrentaban a los arreboles —me cuenta—. Antiguamente, cuando aparecían los arreboles durante las tardes, las abuelas mandaban a todos los niños adentro de la maloca. Ninguno podía salir. Ellas, luego, salían con sus machetes de pijuayo y sus ollas de barro para enfrentar a los arreboles.

Walter, entonces, comienza a explicarme que, en esta historia, tújpawa era una serpiente que se veía en el cielo. No era una serpiente que los bora pudieran comer, pero amenazaban con comerla—era claramente una amenaza. Eso sí, era una amenaza que se podía identificar: se vinculaba con algún evento o tensión que estuviera presente entre los bora. Eso sí, las mujeres advertían al enemigo:

Íwaari uke o llíhyánúne íihllórí uke ó tuúhi

              —Con este machete te mataré y te cocinaré en esta olla

Una vez que los niños estaban dentro de la maloca, las abuelas enfrentaban al tújpawa con sus ollas. Los amenazaban y ellas golpeaban las ollas de barro con sus machetes. Según cuenta, antes, este mal presagio podía ser por un enfrentamiento entre clanes. Su abuela le contaba de las luchas entre su clan aguaje y el clan achiote. También están presente en relatos que la contaban sobre conflictos entre los bora y los carijona —etnia caribe que habitaba el río Caquetá (Franco, 2002; Londoño Sulkin, 2012)— o entre los bora y los murui-muinani. Estos enfrentamientos no necesariamente son combates, también se pueden dar como actos de brujería. Eso sí, los arreboles acompañan la representación de algún peligro para el pueblo bora. Esta representación del peligro o la amenaza también estaba presente en otras actividades. La memoria del pueblo bora no está solo en los relatos: se recoge y se materializa en sus fiestas y en la historia que se construye con las alianzas con otros pueblos indígenas.

Fiesta del pijuayo en Ancón Colonia by Walter Panduro

Fiesta del pijuayo en Ancón Colonia by Walter Panduro

Fiesta del pijuayo en Ancón Colonia by Walter Panduro

Fiesta del pijuayo en Ancón Colonia by Walter Panduro

Fiesta del pijuayo en Ancón Colonia by Walter Panduro

Fiesta del pijuayo en Ancón Colonia by Walter Panduro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los bora, como parte de la red de pueblos que conforman la gente del centro, realizan varias fiestas a lo largo del año donde participan otros pueblos indígenas. En estas celebraciones se representan alianzas, relatos y también a los enemigos (Gasché, 2017). La fiesta del pijuayo es una celebración bora donde se despliega el intercambio entre el mundo terrestre y el mundo marítimo (Guyot, 1975; Yllia & Ochoa, 2018). Es de este mundo marítimo donde proviene el fruto del pijuayo de acuerdo con los mitos del pueblo bora. Este fruto es traído al mundo terrestre por el pucunero, hombre sabio, para hacer chicha y compartirla entre todos, sean seres terrestres o marítimos. Entre los seres míticos está también una representación de tújpawa, como una serpiente aserruchada. De acuerdo con Gasché (2017), cantos, danzas y fiestas enteras han sido adoptadas por la gente del centro: hay danzas de los carijona entre las celebraciones bora y murui-muinani. Así como hay danzas de grupos que son considerados enemigos, también hay representaciones de malos presagios entre los seres míticos de las fiestas.

Del mismo modo, el deseo de cocinar a tújpawa en las ollas de barro también se puede relacionar con otras prácticas de protección con los niños. Entre los miembros del pueblo bora, una manera de proteger a los más pequeños contra la táácahe, la serpiente shushupe (lachesis muta) era con pequeños bocados de la cola de este animal. En la cola reside el poder el animal. Si el niño consume un poco de la carne, este ya no podrá ser visto por la serpiente. De cierta forma, la amenaza de cocinar a tújpawa va de la mano con el deseo de que este mal presagio no toque a los niños: que la carne de esta serpiente en el cielo sirva como protección contra el mal que amenaza al pueblo. De hecho, un reflejo de esta protección es, a su vez, el traslado de los niños hacia la maloca.

Estas acciones con el tiempo se han ido resignificando. Hoy en día no hay enfrentamientos sangrientos entre los pueblos del río Ampiyacu. Tampoco se celebran todos los rituales que en algún momento existieron. Aunque estos cambios tengan un tono nostálgico para Walter, la señal de alerta queda presente para él. Ver este arcoíris entre las nubes rojas le revela cierto tipo de conocimiento que pertenece a su familia. No es que esta serpiente mítica vaya a desaparecer con los rituales, antes bien estas señales en el cielo ahora se vinculan con otros enemigos que acechan a los pueblos indígenas: las enfermedades. Para Walter Panduro, la tújpawa que vio a inicios de este año —que provocó tanta preocupación en él— fue el presagio de esta pandemia que ahora nos afecta a todos. La enfermedad foránea, el coronavirus, es ahora el nuevo peligro para el pueblo bora.

Como señalé al inicio de esta breve nota, parte del miedo de Walter por asistir a un hospital es que él está convencido de que ese lugar no es seguro para él. Esta actitud la presiento en él desde el primer día que lo conocí: reacio a tomar pastillas, se trata una dolencia en la zona lumbar con hierbas que él domina. No hay enfermedad que él no sepa tratar. Pese a esta confianza, las enfermedades ocupan un lugar importante en la memoria del pueblo bora desde la época del caucho. Las enfermedades traídas por los caucheros son la principal causa de las pérdidas humanas durante esos años de esclavitud (Chirif, 2017; Nugent, 2018). Así, la muerte aparece estrechamente vinculada con la presencia de estos nuevos sujetos en el bosque y con ellos, también, nuevos presagios de malos acontecimientos.

En bora, la palabra para designar al patrón o bien al cauchero se compone de dos partes: áñu ‘gallinazo’ o también ‘disparar’ y munáa ‘enemigo’. La palabra para ‘enemigo’, si se revisa con detalle, deriva morfológicamente de múnaa‘paisano’ gracias a un cambio tonal para señalar ‘monstruoso, peyorativo, malo’. En los testimonios de la época del caucho son los añumunáa quienes traen muerte con sus abusos contra la población indígena. Entre estos abusos se destacan muchas veces hogueras donde quemaban vivos a quienes se rebelaban contra ellos (Echeverri, 2011; Razon, 1984). A este tipo de crímenes se les suma la reducción violenta de la población por nuevas enfermedades para las cuales los bora —y los indígenas en general— no poseen las defensas necesarias. De por sí, la idea de una enfermedad externa, que provenga de la ciudad es razón suficiente para sentir angustia. Hoy en día este escenario desolador sigue presente: el recuerdo de la época del caucho ha sido transmitido hasta hace relativamente poco por las personas mayores de las comunidades. Walter Panduro creció escuchando las historias que le contaban en su casa sobre los abusos de esos años. Con estas historias crecieron también otras ideas sobre los añumunáa o bien los ‘enemigos que disparan’ o ‘los enemigos gallinazos’.

—Los gallinazos también saben dónde está la enfermedad —me dice—. Ellos vuelan sobre la casa donde algo malo va a       suceder.

En los días que sucedieron tras su mejora de la Covid-19, Walter Panduro me mostraba videos de gallinazos volando sobre ciertas casas. Estos vuelos de los gallinazos eran, para él, otro tipo de presagio. No un presagio que él vincule con algún ritual bora; más bien, un presagio que relaciona con la herida que queda en su pueblo tras la violencia del caucho.

—Están siguiendo el iivídyo ijtóme, el ahumado de la caza

Con esta frase, Walter luego me explica, él hace referencia a las fogatas que dejaban los caucheros como evidencia de su violencia. En los relatos, los gallinazos merodeaban los espacios donde yacían los restos. Esa asociación quedó marcada en las historias que él escuchaba desde niño. Walter desconfía de los hospitales porque ahí están las enfermedades. Las mismas enfermedades que diezmaron a su pueblo. También desconfía porque luego queman los cuerpos y sobre todo desconfía porque no quiere estar cerca de donde vuelen los enemigos.

Referencias

Chirif, A. (2017). Después del caucho. Lluvia Editores, CAAAP, IWGIA & IBC.

Echeverri, J. Á. (2011). The Putumayo Indians and the Rubber Boom. Irish Journal of Anthropology, 14(2), 13–18.

Franco, R. (2002). Los carijonas de Chiribiquete. Fundación Puerto Rastrojo.

Gasché, J. (2017). La Gente del Centro y los impactos del caucho. En A. Chirif, Después del caucho (pp. 49–78). Lluvia Editores, CAAAP, IWGIA & IBC.

Guyot, M. (1975). Collection Bora-Miraña. En J. Gabus, Amazonie nord-ouest (pp. 92–95). Musée d’ethnographie.

Londoño Sulkin, C. D. (2012). People of Substance. An Ethnography of Morality in the Colombian Amazon. University of Toronto Press.

Nugent, S. L. (2018). The Rise and Fall of the Amazon Rubber Industry: An Historical Anthropology. Routledge.

Panduro, W. (2016). Relatos orales bora: Relatos de origen y otros relatos del pueblo bora (Vol. 1–2). Ministerio de Educación.

Razon, J.-P. (1984). Les Bora et le Caoutchouc: Contribution à l’étude de l’histoire récente des Indiens Bora a l’Amazonie Péruvienne [Diplôme]. L´École des Hautes Études en Sciences Sociales.

Yllia, M. E., & Ochoa, N. (2018). La memoria de un fruto: La fiesta del pijuayo. Caravelle, 110, 87–102. https://doi.org/10.4000/caravelle.2983

Fiesta del pijuayo en Ancón Colonia by Walter Panduro.

Tújpawa: los arreboles en el cielo by Andrés Napurí, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.