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Olinda Silvano Inuma

Olinda Silvano Inuma grew up in the Native Community of Paohyan on the banks of the Ucayali River. She belongs to the Shipibo-Konibo people, one of the most numerous indigenous peoples of the Peruvian Amazon. She was born at seven months, frail and small. Her grandfather then breathed medicinal plants into her body to strengthen her and placed an invisible crown of kene designs on her head, to endow her with the gift of vision. The plants and medicinal visions not only fortified her health but her will. This visionary ability has accompanied her throughout her life and guided her defence of the Amazon with the power of the luminous designs she received from her ancestors.  As a child she lived in intimate familiarity with forest and rivers and learned how to paint and embroider beautiful fabrics covered with kene designs; but she could not complete her schooling because her parents had no money. So, at the age of 15, she travelled to the city of Pucallpa to look for work. With the first payment she earned, she bought a yellow shirt she had promised to take to her father as proof of her determination to succeed in the city.  She soon formed her own family and migrated to Lima, the capital, looking for better education conditions for her children.

In Lima, she built a precarious house in a dump on the banks of the polluted Rimac River, founding with other Shipibo-Konibo families the urban community of Cantagallo.  For many years, she would go out into the streets of the city to offer her kene embroidery to the passers-by, walking the entire day to bring home a small sustenance. At last, in 2014 she was able to show her works in an art gallery. Today, at the age of 52, Olinda has achieved national and international recognition for her colourful embroidery, paintings and murals of extraordinary beauty and light.  Her art targets an urban audience but brings into the city the power given her by the plants that she herself received as a child.

Kene lines are not mere abstract geometric graphics; they are the materialization of the koshi force of plants and their ibo, the spiritual owners of the forest, which visionary women, like Olinda, see in their minds and show in their works. The meshes of kene give rise to perceptions in synesthesia, where hearing, smell and touch join in the vision of designs, generating associations between the landscape of the forest and the embroidered and painted paths of designs. For Olinda, her work as a contemporary Shipibo-Konibo artist is a powerful form of activism that uses another language, the language of plants, to fight against discrimination and to defend the Amazon and its peoples from within the hardcore of city life.

Olinda Silvano Inuma creció en la comunidad nativa Paohyan, a orillas del río Ucayali. Pertenece al pueblo shipibo-konibo, uno de los más numerosos pueblos originarios de la Amazonía peruana. Nació a los siete meses, frágil y pequeña. Entonces, su abuelo le insufló plantas medicinales en el cuerpo para fortalecerla y le colocó una corona invisible de diseños kené, para dotarla del don de la visión. Estas plantas y visiones medicinales no solamente fortificaron su salud sino su voluntad. Esta capacidad visionaria la ha acompañado a lo largo de su vida y guiado su defensa de la Amazonía y sus poblaciones originarias, gracias al poder de los diseños kene que recibió de sus ancestros.  De niña vivió en íntima familiaridad con el bosque y los ríos, y aprendió a pintar y bordar bellas telas cubiertas con diseños kené; pero no pudo completar sus estudios escolares porque sus padres no tenían dinero. Por eso, a los 15 años viajó a la ciudad de Pucallpa, a buscar empleo. Con el primer pago que ganó, compró una camisa amarilla que había prometido llevarle a su padre como prueba de su determinación de triunfar en la ciudad.  Formó su propria familia y migró a Lima, la capital, buscando mejores condiciones de educación para sus hijos.

En la Lima, construyó una precaria vivienda en un botadero a orillas del contaminado río Rimac, fundando con otras familias shipibo-konibo la comunidad urbana de Cantagallo.  Salía a las calles de la ciudad a ofrecer sus bordados con kené a los pasantes, caminando el día entero para llevar a su casa un pequeño sustento, hasta que en 2014 pudo mostrar sus obras en una sala de exposición. Hoy, a los 52 años, Olinda ha logrado reconocimiento nacional e internacional por sus bordados, pinturas y murales de extraordinaria belleza y creatividad.  Su arte se dirige a un público urbano, pero insiere en la ciudad el poder de las plantas que ella misma recibió de niña.

Las líneas del kene no son meros grafismos geométricos abstractos; son la materialización de la fuerza koshi de las plantas y de sus  ibo, los dueños espirituales del bosque, que las mujeres visionarias, como Olinda, ven en sus mentes y muestran en sus obras. Las mallas de kene generan percepciones en sinestesia, donde el oído, el olfato y el tacto se juntan a la visión de los diseños, generando asociaciones entre el paisaje de la selva y el recorrido de los trazos bordados y pintados. Para Olinda, su trabajo como artista  shipibo-konibo contemporánea es una poderosa forma de activismo que usa otro lenguaje, el lenguaje de las plantas, para la defensa de la Amazonía desde la experiencia vivida de la adversidad de la ciudad.

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